9. ‘La boda de Rachel’, cuando la princesita se convirtió en actriz. (Crítica)

19 04 2009

De nuevo una película independiente, con todas sus características y alguna más, estrenada en Octubre del año pasado en España. El director Jonathan Demme, ganador del Oscar por reinventar el thriller psicológico con El silencio de los corderos” y autor también de “Philadelphia, ha recuperado su identidad a la hora de retratar personajes atormentados en La boda de Rachel.

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Y ha vuelto para mostrarnos la verdad que todas las familia tienen, esa verdad que siempre permanece oculta entre las cuatro paredes,  pero que cuando nadie parece observar, brota por su enormidad, por su olor a mentira y falsedad y saca todos los trapos sucios a tender. Y en ese rincón oculto donde solo tiene cabida el pasado, el rencor y las cosas que nunca se dijeron (o que nunca se cansan de decirse), se introduce Demme.                                                                            Invisible, y sin molestar, pero captando cada movimiento y cada reacción, cada verdad a la cara, sin maquillajes ni adornos, resulta tan realista que parece estar rodando un documental en lugar de pura ficción. Cámara al hombro se mueve como pez en el agua por las escenas mirando a sus personajes a los ojos, con imágenes libres e inquietas.

Trailer en inglés

La historia tiene como protagonista a Kim, (Anne Hathaway, ¡cuánto te había subestimado!) una joven ex drogodependiente que lleva media vida en terapias y centros de rehabilitación debido a sus múltiples crisis. Pero por motivo de la boda de su hermana mayor, Rachel, podrá salir todo el fin de semana para celebrarlo en familia. Sin embargo, su llegada pronto se convertirá también en el retorno de los más terribles traumas familiares -¡y qué traumas!-.

Una lucha entre el perdón, el odio y el verdadero amor que existe detrás de tan descarnadas discusiones, se interpondrán ante tanto festejo y felicidad. Pero al fin y al cabo es la familia,  las viejas tensiones deben convivir con las nuevas experiencias, las asperezas dar paso a la confianza y las crisis, simplemente deben superarse.

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Pero hay un factor sorprendente en el film, una revelación encarnada en Anne Hathaway, la dulce niña de Princesa por sorpresa o El diablo viste de Prada. Pues ya no es una niña, y ya no es tan dulce. Con la Boda de Rachel nos ha callado a todos demostrando que ahora es una actriz que trabaja con verdad y con mucho, muchísimo riesgo. Su trabajo para este personaje tan atormentado e incomprendido funciona en cada escena. Su Kim sobrevive a quemarropa durante todo el fin de semana, entre gritos y confesiones, con ataque de crisis incluido (y espectacular por cierto, el espectador no podrá moverse hasta que no haya pasado la tormenta emocional) desbordando una sinceridad dolorosa y aplaudible.

Con madurez y sin pudor Anne Hathaway culmina la mejor interpretación de su carrera, nominación a los Oscar como Mejor Actriz en esta última edición incluida.

Breve montaje de escenas de Anne Hathaway.

En definitiva, una película crudísima, incómoda, orgullosa de su diminuto tamaño pero extraordinariamente humana. Aunque es verdad que en determinados pasajes a Demme se le va la mano con los festejos pre-nupciales (interminable la secuencia de los discursos de la noche pre-boda). Pero precisamente por hilar tan fino, por atreverse a desangrar el pasado como pocas películas lo han hecho, el film logra calar tan hondo. Y al final, nos regala un espacio para la luz y la esperanza, aunque el precio a pagar por conquistarlo sea altísimo.

Natalia Benito

 

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